Sólo siento por delirio,
sólo callo por orgullo.
Por cada menor antojo,
me ahogo y desahogo
-Déjalo ya..., que ahora vamos aparte.-
Déjame que aguante, llego a ser un lastre.-
Me encargo de la enredadera endereza
que nos escupe por rarezas
y dejan morir por escasa moral.
Me escapo por las negras calles
que solo dan paso a penas y agonías.
Inspiro y expiro y consigo,
¿consigo qué,
cuando no me acuerdo de nada?
Pierdo la decencia,
pierdo la consciencia.
¡Qué más da!
Es igual...